Son preciosas, Jesús, las narraciones del Evangelio sobre tus apariciones resucitado. La que más me impresiona es al amanecer junto al Tiberíades... Ellos estarían acostumbrados a desayunar con vos. ¡Pero no sabían Quién eras realmente!: JESÚS, Hombre, Dios, metido para siempre en nuestra pequeña-enorme vida diaria.
Con los años cada vez es mayor mi agradecimiento por tener a José de patrono y modelo. Por supuesto que lo es de todos, los hermanos de su hijo. Pero de algunos un poquito más por nuestro nombre (je, je).
"Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Único, para que todo el que crea en Él no muera sino que tenga vida eterna"
Si me piden que elija un trozo del Evangelio, sin dudarlo digo éste. Me parece que es el núcleo de la Buena Noticia. Es claro que, en este caso, la palabra 'creer' tiene un sentido muy hondo: no es la creencia intelectual sobre algo sino 'creer' en alguien; más todavía: creer en Jesús, Hombre-Dios. Y entonces ese verbo tiene un sentido muchísimo más totalizante, humano y esencial.
"Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños y sencillos" (Mt.11,25) Recién hoy Jesús, me detengo en que en esta alabanza recalcas el que tu Padre es Señor del cielo y la tierra. De modo de que quede bien claro. Y trayendo esta frase tuya al momento de tu nacimiento, a la cueva de Belén... ¡cuánto sentido toma! Y qué poco nos convencemos los cristianos de esto. Regalanos un corazón cada vez más parecido al Tuyo y al del Padre.
Ayer me confesé. Y el sacerdote -que por otra parte me gustó muchísimo- me hizo caer en la cuenta de que era un muy buen día para confesarse: Cierre del año litúrgico, y proclamación del supremo reinado de Nuestro Señor Jesús. Muy buen momento para mirar un poco 'cómo van las cuentas', y pedir perdón, pero sobre todo un muy buen momento para renovar tanto agradecimiento que tengo por Su Amor incondicional y misericordioso.
Pequeños momentos de Encuentro en el camino (Tal vez a alguien le puedan ayudar)
Algo así como cuando los primeros discípulos -Andrés y Felipe-, después de encontrarse con Jesús, no pueden quedarse callados y le cuentan su experiencia a sus hermanos y amigos (Jn, 1,35-51)